CELOS, ESE SENTIMIENTO QUE PUEDE TERMINAR MUY MAL
CELOS, ESE SENTIMIENTO QUE PUEDE
TERMINAR MUY MAL
Los
celos pueden llegar a ser el sentimiento más destructivo, dice Sandra
Herrera, psicóloga clínica de la Universidad de Salamanca. Y suelen despertarse
cuando alguien piensa que un rival amenaza una relación, y eso va –dice la
experta– desde creer que la pareja tiene un amante hasta sufrir porque un amigo
entabla una nueva amistad.
El problema es que este sentir “desencadena miedo, inseguridad e ira, y en los
casos extremos puede desfilarse por la violencia y afectar de manera negativa la salud de quienes los
padecen”, asegura Herrera. Por eso, añade, se torna imperioso conocerlos
e identificar algunos de sus rasgos con el objeto de atenuarlos y prevenir
complicaciones.
Aunque genéricamente se ha dicho que los celos son una condición normal e, incluso, una reacción justificada, la psiquiatra Marcela Alzate, expresidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, insiste en que cuando los celos se convierten en un comportamiento obsesivo que altera las relaciones de quienes los padecen, se cae en el campo de un trastorno que tiene un curso y una fisiopatología específicos, que han sido descritos.
DOLOR Y ESTRÉS
Según un estudio reseñado en la publicación científica Frontier in
Ecology and Evolution, dirigido por la investigadora Karen Bales –el primer
análisis realizado con un modelo de primate monógamo sobre la neurobiología de los
celos–, este sentimiento genera mayor actividad cerebral en áreas asociadas con
el dolor social y la vinculación con la pareja.
Bales y su equipo recurrieron a los monos titíes cobrizos, unos
primates monógamos que se caracterizan por el apego que muestran a sus parejas,
con comportamientos protectores y de angustia cuando se separan; además, los
machos muestran celos muy parecidos a los de los humanos e incluso retienen
físicamente a su pareja para que no interactúe con un macho extraño.
Para evaluar este comportamiento, los investigadores indujeron
‘celos’ en estos machos, exponiéndolos a situaciones en que podían ver a su
pareja con un macho desconocido, y se compararon las reacciones con un grupo de
control.
Después de un tiempo se tomaron imágenes cerebrales y se midieron las
sustancias un circulan en el cerebro y se consideran relacionadas con la
formación de lazos afectivos, agresión, apareamiento y desafío social.
Los resultados mostraron que el cerebro de los monos celosos tenía
mayor actividad en las áreas cingulada y septal, relacionadas con el dolor
social y la memoria, la motivación y el estado de alerta, respectivamente. Por
el lado de las hormonas, se encontraron altos niveles de cortisol (la sustancia
del estrés) y la testosterona vinculada con la agresión y las competencias del
apareamiento.
Con estos resultados se infiere –según el psiquiatra Rodrigo Córdoba,
director del departamento de Psiquiatría de la Universidad El Rosario–, que la
formación de lazos de pareja tiene relación funcional con la armonía social y
la recompensa, mientras que el mantenimiento del vínculo está basado en
refuerzos negativos que se despliegan para evitar el dolor de la separación.
EL CEREBRO CELOSO
En palabras de la psicóloga Sandra Herrera, los celos son una
reacción de alerta mediada por una serie de neurotransmisores que actúan sobre
algunas partes del cerebro, pero que terminan afectando todos los órganos del
cuerpo.
Estas partes del cerebro, responsables de las reacciones celotípicas,
se encuentran por debajo de la corteza cerebral. “Y eso explica, de entrada,
por qué muchas son irracionales”, dice la experta. Entre ellas están el
hipotálamo, conectado con la amígdala, el hipocampo y los ganglios basales, que
son la base de los recuerdos, las emociones y las percepciones.
Cuando estas estructuras se
conectan en forma dinámica constituyen el sistema límbico, que también responde
por el deseo, el enojo y la ira. Y estos tres componentes, para la psiquiatra
Marcela Alzate, están relacionados directamente con el enamoramiento, el odio y
los celos. “En otras palabras, el amor profundo y los celos se encuentran en
las mismas estructuras”, remata.

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